Algunas observaciones sobre Bob Esponja

Los análisis dirigidos a los dibujos animados son siempre hechos con el propósito (un tanto paranoico, o, mejor dicho, ocioso) de atacarlos: se encuentran mensajes subliminales, incitaciones a la homosexualidad (¡qué barbarie!). Se insulta la complejidad con la que algunas caricaturas se construyen.
Bob Esponja posee, para mi, ciertas claves que lo vuelven interesante. Intentaré profundizar en ello, a riesgo de caer en la demencia de los cazadores de brujas.
El entorno social de Bob Esponja es bastante particular. Abundan los individuos destrozados por los empleos basura: los de los sueños truncados. Los hostiles, en general.
Calamardo Tentáculos podría llevar una vida cómoda, a no ser de sus pretenciones artísticas. Calamardo no tiene talento, pero si un gran ego. Insulta a los habitantes de Fondo de Bikini por ignorantes. Sus ideales de finura y exquisitez son ridículos.
La dedicación de Arenita Mejillas es la ciencia, pero sus únicos logros han sido la dominación del karate y una maquina peladora de bananas, hecha para unos simios intelectuales, que son sus mecenas.
Ahora bien, Esponja es el más odiado del pueblo. ¿Por qué? Su infantilismo alcanza el nivel de psicopatía. Irrumpe a voluntad en la casa de Calamardo. Para poder despertarse en un día especial compra 200 despertadores. Pero es alguien inofensivo, bondadoso. ¿Qué es lo que hace que se pueda maniatar a alguien que no hace daño? ¿Qué es lo que hace tan perfectos a los demás?
El tema más tocado en la caricatura es la idolatría. Los objetos de admiración de todos son incomprensibles. Se aplaude el bronceado de la foca. Larry, la langosta musculosa, le dice a Esponja y a Patricio que si no viven como él, están vacíos: “tengo una motocicleta y un puesto de salvavidas, ustedes son unos alfeñiques”.
Ésto es un asunto de reflexión. Con un mínimo de suspicacia, puede notarse el carnaval de plumas e ilusiones ópticas que se desarrolla en todos los medios, desde el escolar hasta el artístico. A los únicos a los que se les hace caso son a los que se disfrazan. No pinta tan bien, pero tiene bufandas bellas. No es tan carismática, pero hay algo en ella, un perfume, un collar, que la vuelve magnética. Es un poco grosero, pero pertenece a mi estrato. Escucha la música que todos escuchamos y su tartamudez es excelente, es incómoda pero es bien linda, “rarita”.
Recordemos el episodio en el que Esponja encuentra una peluca alta y empolvada, una peluca horrible. Le fascina y se la pone. En la calle se burlan de él. Arenita le hace comprender lo mal que se ve, y Esponja se deshace del aditamento. Entonces, un día, Esponja sin peluca sale de paseo: todos portan lo que él lució. Resulta que el integrante de una banda usa la peluca. A Esponja se le niega la vanguardia, porque el guitarrista es cool, y él es él.
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Bob Esponja, al parecer, es el único optimista. Se acepta tal y cual es: un chiflado, un torpe, un adulto que debería madurar. Bob Esponja se entrega a sus pasiones: el coleccionismo de juguetes y Tritón y El Chico Percebe. Bob Esponja es disciplinado y virtuoso en su oficio: sus hamburguesas arrebatan las lágrimas de los comensales y no exige remuneración para deleite de Don Cangrejo. Una diferencia significativa en cuanto a Calamardo: a nadie le gusta la obra del pulpo porque éste lo único que desea es la fama y la fortuna, ni una sola escultura suya está elaborada con amor.
El paralelismo con lo que se piensa que debe hacer un artista es sorprendente. Picasso declaró su felicidad cuando pudo pintar como un niño lo haría. Kafka atravesó por las condiciones más insalubres y nunca dejó la literatura (la plancha de cocina, en el caso de Esponja).
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En la actualidad se toma al freak como una suerte de héroe, gracias al error de poner la vida del artista sobre la obra. Se llega a considerar que las pedanterías que cometen ciertos artistas son simpáticas. Contextalizar no es sólo un deber sistemático, también sirve para entender que nosotros somos los aceptados socialmente; que nadie soportaría una charla con el iracundo Klaus Kinski, actor alemán; que nadie podría haber sido amigo de Hemingway o de Capote, el uno por su alcoholismo y arrogancia y el otro por su alcoholismo y ponzoña; que nadie podría tener a Esponja de vecino, el más leal de los amigos, el más aventurero de los perdedores.
La mayoría de las vidas de los supuestos freaks son patéticas, o muy difíciles. Sus pasatiempos son envidiables; sus pasatiempos, obsesiones.
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2 comentarios

Archivado bajo Arte, Comics, Reseñas

2 Respuestas a “Algunas observaciones sobre Bob Esponja

  1. edd

    Ja ja, superbueno…

  2. adi san

    emitiré un comentario no precisamente mio jeje… pero alguna vez alguien me dijo….. te has dado cuenta qu bob esponja es hipster!!! sus pantaloncitos, su corbatita, su camisita y sus zapatitos !!! tiene todo el loook jejeje. Pero hipster o no… es la onda 🙂

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